10 abril 2012

Tras Semana Santa: CREO

De verdad, yo creo en los zombis. Con tal afirmación puedes dejar de leer porque mi credibilidad puede resultarte equivalente a los superpoderes de Sandro Rey.  Creo en los zombis, pero no en los muertos vivientes. Son cosas distintas. Creo en los zombis de Tourneur, no creo en los zombis de Romero. Creo en el vudú y en la santería, porque sé que existe el chamanismo, y porque mis ojos han visto alcanzar el trance a los derviches.
Y creo porque todo esto tiene relación con las drogas, los opiáceos y los alucinógenos. Y eso, existe.
No creo en los rituales tipo mal de ojo, pero sí que exista algo que se le asemeje, igual que sé que existe el concepto "gafe", tengo mis dudas acerca de la clarividencia, pero creo en gente capaz de percibir "cosas" porque creo, que todos, alguna vez, hemos percibido ese tipo de "algos" pero que inmediatamente nos lo negamos.


Curiosamente, coincidiendo con Semana Santa he leído uno de los mejores comics del año, "Tambores", del siempre certero y enorme El Torres. Una historia de terror mayúscula, con olor y estructura clásica, con momentazos que se te quedan clavados en la retina, con secuencias que de verdad dan miedete, con sustazos y con una incesante tormenta que se convierte en un personaje más de la historia. Una historia que aborda el tema de los zombis, pero no sumándose a la omnipresente tendencia (casi agotadora) de explotar a los muertos vivientes. Aquí se trata de zombis de verdad, aquellos que se alzan mediante rituales, brujería clandestina, donde no son muertos, pero tampoco están vivos. Esos zombis que andan con el retumbar de los tambores que dan título a la obra y que se confunden con unos truenos que gritan sin cesar. Caminantes que tienen su origen en cánticos ancestrales, en velas y en gallinas decapitadas, en pinturas en el cuerpo, en danzas paganas, en sexo ensangrentado y en una devoción sectaria.

"Tambores" es grande. Grandioso. En las ciento y pico páginas de narrativa cinematográfica obra de Abel García y Fran Gamboa, con una paleta de colores acertadisima, El Torres traza una pesadilla que bebe de lo mejor del género pero sin caer en los clichés, y define unos personajes que te hacen necesitar saber más de ellos, y su protagonista, MARTIN IRONS, pasa de ser un personaje común, un agente del FBI como otros tantos, hasta que el desenlace de la historia lo eleva a categoría de icono.

 I walked with a zombie (Jacques Tourneur, 1943)

1 comentario:

Chico Tocsico dijo...

Me lo apunto!
Gracias por la recomendacioN!!!!!